Teatro de Títeres: Encantando a Niños y Niñas en el Hospital Calvo Mackenna

En ese contexto, las “portadoras de tradición” del teatro de títeres, las cultoras Elizabeth (Eli) Guzmán y Paula González, encabezaron una hermosa experiencia en el colegio Con todo el Corazón, del hospital Doctor Luis Calvo Mackenna, de la comuna de Providencia. Es una iniciativa que merece ser destacada en nuestro ciclo de reseñas acerca de Experiencias Educativas en Patrimonio Cultural Inmaterial.
Fue una iniciativa para “niños con enfermedades complejas, consideramos que son los más vulnerables de nuestro país; no solo por esto, sino porque muchos de ellos son niños de escasos recursos”, explica Constanza Labbé, directora de Con Todo el Corazón.
Mágico, divertido, creativo. Con esas palabras algunos de los alumnos del taller Portadores de Tradición del Teatro Tradicional de Títeres definen el curso/ taller que se diseñó para niños, niñas y jóvenes, del colegio hospitalario Con todo el Corazón, ubicado en el hospital Doctor Luis Calvo Mackenna, en la comuna de Providencia.
Las cultoras Elizabeth Guzmán y Paula González fueron las responsables de dar vida a esta iniciativa, que contó con la participación no solo de los más pequeños, sino de una entusiasta comunidad educativa que se involucró permanentemente. Al final, un total de 40 personas -entre apoderados, profesores, profesoras, niños y niñas- confeccionaron 45 títeres de guante, aplicando la tradicional técnica del papel maché.
Al término de las 6 sesiones con las que contó el taller, los asistentes debieron crear un relato para que sus creaciones se convirtieran en personajes que representarían las historias. Fue así como aprendieron a personalizar y manipular su muñeco.
En el curso participaron, incluso, quienes en un principio estaban reacios a hacerlo: por ejemplo, una de las profesoras de la escuela tenía fobia a los títeres. Sin embargo, vio que sus colegas se motivaron y se animó. “Esto rompió su rechazo porque los otros profes tomaron los muñecos, empezaron a jugar y a hacer sus personajes. Antes que elaboren sus propios títeres, juegan con los nuestros y ella se moría de la risa porque veía a sus propios pares jugando. En ese caso ella misma fue creándolo y en este proceso perdió el miedo”, cuenta la cultura Eli Guzmán.
En un principio las cultoras a cargo del taller pensaron que la asistencia se complicaría por temas de salud. Sin embargo, comentan que hubo mucha disposición de parte de todos y todas. “Aunque fue un curso fragmentado por los mismos temas de salud, todos se embarcaron en esta tarea de hacer su títere: me sorprendió la constancia y fortaleza de estos niños y niñas. Previamente, la dirección de la escuelita nos dijo que el proceso quizás no iba a completarse, pero creo que la estrategia que resultó fue realizar un taller flexible porque todas las semanas cambiamos el día, lo que incluso motivó a mamás, papás y profesores a integrarse. Las clases estaban llenas siempre”, explica la cultora y actriz Paula González.
Constanza Labbé, directora del colegio tiene una explicación para el alto compromiso de toda la comunidad escolar con esta iniciativa: “En este colegio se produce una magia. Acá la vida se vive con todo el corazón: hemos creado una comunidad educativa que es una familia. Compartimos, celebramos y enseñamos, el afecto es el que mueve la inteligencia y este es un punto clave para nosotros. Todo lo que los niños hicieron y vivieron fue un aprendizaje mucho más allá de los contenidos. Acá de verdad hay un compromiso, lo que hace que se produzcan estas sincronías amorosas para que tengamos ese exitazo como fue el taller de títeres”.
El aislamiento de estos niños y niñas marca su vida mientras están internados en el hospital, alejándose de toda oferta cultural. “No tienen la posibilidad de ir a ver una obra de teatro o un espectáculo de títeres. Por lo mismo, llegar con los saberes del patrimonio cultural inmaterial a ese colegio me hizo sentir orgullosa: creo que esto se debe replicar en todas las otras áreas del patrimonio para que ellos y ellas tengan acceso”, comenta Eli Guzmán.
De hecho, dentro del informe elaborado por la cultora, una de las mamás señala este punto: “fue una alegría y emoción que nos dieran la oportunidad de participar en algo que ocurre afuera, algo a lo que nosotros no tenemos acceso por estar aquí luchando por la salud de nuestros hijos, y lo más lindo aprenderlo junto a ellos”.
Parte importante del proceso de creación de los títeres es el diseño del vestuario y personificación del muñeco. Para esto, las cultoras entregaron diversas telas a sus alumnos y alumnas con la finalidad de ser usadas en la confección del personaje. Niños y niñas seleccionaron lanas, piel y telas para llevar a cabo esta última etapa. Quienes estuvieron ausentes durante algunas sesiones debido a su tratamiento médico, fueron apoyados por docentes y mamás que avanzaron en los títeres de sus dueños.
Paula González explica que el proceso creativo que se da en el contacto con esta materialidad es único y personal. “Cuando hacemos el taller, muchos de nuestros alumnos y alumnas empiezan a experimentar esto de hacer algo con sus propias manos y se produce una especie de encantamiento: uno se sorprende con lo que puede llegar a hacer”, explica.
Ambas cultoras están satisfechas con el trabajo realizado en la Escuela Con Todo el Corazón: el resultado final incluso superó sus expectativas, porque los asistentes confeccionaron más títeres de los que se habían trazado como meta. Paula agrega un desafío a esta iniciativa: aumentar en dos sesiones para dar cuerpo a la obra final. “No hay tiempo para montar lo que se hace con los títeres: necesitamos ensayar con los niños, afinar detalles, agregar música al montaje, por ejemplo. Sería ideal poder mostrarla más de una vez, llevarla a otro colegio, a otros cursos”, comenta.
Elizabeth explica que hay mucha demanda por parte de los profesores y profesoras de diversos colegios por el taller. “Se está viendo cómo poder ampliar la cobertura. Por lo mismo hay que buscar otras instancias de financiamiento como universidades”, señala Guzmán.
El equipo de Con todo el Corazón fue el más encantado con la experiencia. Constanza Labbé describe el proceso del taller como un círculo virtuoso, muy luminoso. “Trabajar con el Ministerio, con la Paula y la Eli fue un lujo y los niños lo descubrieron así, porque fue la creación de una obra de teatro desde los niños, el significado y compromiso fue sido distinto”.
PORTADORAS DE LA TRADICIÓN
Elizabeth proviene de una casta titiritera. Su padre es Tito Guzmán, reconocido como Tesoro Humano Vivo, el año 2016; y su madre es Luchita Flores, reconocida titiritera que formó junto a Tito el Teatro Candelilla.
Desde que personificó a Caperucita Roja cuando tenía 3 años, nunca más soltó los muñecos. En este sentido, sigue la huella de sus padres y es portadora de una tradición familiar de la cual siente un gran orgullo y responsabilidad, pues ve como urgente transmitir sus saberes. “Siento que los alumnos son como mis hijos e hijas porque tengo este legado familiar”, explica.
El acercamiento de Paula González hacia los muñecos fue distinto. Recuerda que tenía 7 años cuando vio un teatro argentino que la sorprendió. Después de salir de la escuela de teatro, comenzó a hacer títeres para cumpleaños y cuentacuentos. “Los retomé justo cuando conocí a la Eli: el año 2017 ingresé a la Escuela de Títeres de Lo Espejo. Me uní a Elizabeth y comenzamos a trabajar desde lo educativo. Siempre me había interesado mucho la técnica del papel maché por su moldeado y materialidad. Lo que nace de esa mezcla es muy personal…es como una escultura, uno dibuja lo que va a hacer, lo que va a surgir. Mucha gente recuerda los títeres antiguos, que les remontan a su infancia”, comenta González.